Por Daniel Pozzi
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
La IA no es algo nuevo, aunque los últimos avances nos prometen afectar prácticamente todo lo que conocemos. Hoy nos cuesta definir la inteligencia humana (IH), más aún la llamada artificial. Parecería que denominamos IA a cualquier cosa que hacen las máquinas y nos asombra.
Tras lo conceptual aceptamos que la IA tiene múltiples utilidades, están las mediáticas que la mayoría utiliza como la posibilidad de generar consultas, imágenes y videos. Esto sorprende y si bien resulta útil no es lo importante. Lo transcendente está en lo que no se ve.
En la actualidad la mayoría vivimos gracias a alguna pastilla que nos trata una enfermedad crónica o nos quita el sufrimiento agudo. Los laboratorios superan en promedio el gasto de 1000 millones de dólares y tardan más de una década en lanzar cada medicamento al mercado. La IA puede disminuir a menos de la mitad los tiempos y costos, lo que nos permitiría tener nuevas drogas que mejorasen sensiblemente nuestras vidas. La sociedad nos demanda drogas nuevas para paliar el sufrimiento humano en un momento en que la ciencia está cumpliendo con la mayoría de los milagros bíblicos. En la psiquiatría el grueso de los fármacos utilizados han sido descubiertos hace varias décadas y no salen drogas innovadoras, mientras cada vez son más numerosos los trastornos mentales. Seguramente descubriremos drogas que detengan el envejecimiento o, aún mejor, lo reviertan. Estamos muy cerca de ese hito.
De las proteínas a los genes
La gran mayoría de los que analizan la IA poco saben cómo funciona el cerebro y orientan a esta hacia lo que históricamente se utilizó la IT, la optimización de los procesos administrativos y la distracción. Una excepción es el innovador Demis Hassabis, cofundador de DeepMind.
Demis dirigió el desarrollo de AlphaGo que venció a los principales jugadores de este legendario y creativo juego de estrategia oriental. Este fue un hito para la IA pero no tuvo consecuencias prácticas para la humanidad. Esta misma tecnología que se basaba en el aprendizaje por refuerzo permitió años después desarrollar AlphaFold, que predice la estructura tridimensional de las proteínas que ya conjeturó la estructura de 230 millones de proteínas más que todas las proteínas conocidas. En los 50 años anteriores, la cristalografía solo había conseguido conocer la estructura de unas 200 proteínas. Por este revolucionario desarrollo se le otorgó a Hassabis el Premio Nobel de Química en 2024.
La última versión de este programa, AlphaFold 3, además predice la interacción de las proteínas entre sí y con otras moléculas, imprescindible para conocer su función. Este desarrollo está compartido en Internet en forma gratuita. Ya hay muchas proteínas predichas con esta tecnología que están siendo parte de ensayos clínicos y saldrán al mercado en los próximos años.
Otra novedosa aplicación es Alphagenome, que predice las posibles consecuencias que puede provocar una mutación. La convergencia de la IA con tecnologías de edición genética posiblemente catapulte la mayor revolución que se está gestando, la revolución genética.
Hassabis, como directivo de Google, lidera los desarrollos que más impacto tendrán en la sociedad, los orientados a mejorar la ciencia.
No obstante, poca gente se dedica a ella a pesar del enorme beneficio que ha generado en la sociedad. Asimismo, los recursos son insuficientes por lo que la ayuda de la IA es fundamental. Desarrollos de Google como Gemini for Sciencie o AlphaFold son relevantes para futuros descubrimientos. Es probable que las tecnologías de IA sean las que tengan mayor impacto en el futuro humano aunque, paradójicamente, las menos conocidas.
El aprendizaje por refuerzo es el que usamos en todo momento para aprender, nos premian cuando hacemos cosas buenas y nos castigan cuando hacemos cosas malas. ¿Pero podríamos decir que esta es una forma de inteligencia? Como pasa con la capacidad para encontrar patrones si bien no se considera una inteligencia pura como puede ser la inteligencia matemática, verbal, espacial, cinestésica, interpersonal o intrapersonal, está presente en todas ellas, forma parte de su la materia prima de todas ellas. Como ejemplo, si se quiere hacer una torta se necesitan harina, huevos, manteca, azúcar, levadura, y por más que sea adecuada la calidad de la harina y la cantidad de huevos si no se tienen los otros componentes nunca se logrará su elaboración. Esto es el dilema al presente, por más que se avance en las tecnologías actuales para alcanzar la IH son precisos otros componentes que no surgen necesariamente de los que hoy tenemos.
Superinteligencia
A diferencia de la inteligencia humana (IH) la IA aprende a predecir, no a entender. La IH es algo más que una enorme capacidad de encontrar patrones en una gigantesca cantidad de datos. Tanto la IA como la IH consideran que los patrones tienden a repetirse. Ambas usan el lenguaje como un conjunto de signos que sigue patrones y reglas. En el caso de la IA toman esos signos dentro de una relación estadística con otros signos. Si le damos las palabras perro y sillón predice que lo más probable es que la relación sea que el «perro duerma en el sillón», pero jamás podría imaginarse un perro durmiendo en un sillón. ¿Podríamos asegurar que una máquina va a desarrollar una IH sin poder entender e imaginarse nada?
Hassabis junto a otros expertos de la IA pronostica que en un futuro cercano desarrollaremos la inteligencia artificial general. Entienden que será el punto de partida para lo que llaman Superinteligencia. Es un concepto difícil de definir, sería como eluna suerte de resultante de la combinación de varias mentes de superexpertos. La inteligencia general es la que tenemos los humanos que nos permite desarrollar ideas nuevas. Ahí es donde la neurociencia debe aportar su criterio.
La mayor capacidad que tienen las máquinas radica en su enorme potencial de cálculo y la posibilidad de encontrar patrones. Si a esto le sumamos que tienen acceso a cuantiosas informaciones procesadas y alojadas en la nube y le damos millones de parámetros conseguimos lo que tenemos hoy, que nos seguirá sorprendiendo y mejorando en los próximos años.
Pensar que las máquinas van a seguir una evolución similar a la del cerebro en una fracción del tiempo es una idea que no tiene fundamentos sólidos y la argumentan personas quesostenida por quienes no conocen suficientemente cómo funciona el cerebro.
A imagen y semejanza
En el presente, las máquinas tienen pocas capacidades o inteligencias como las que tenemos los humanos, solo potenciadas por su fuerza bruta al lograr trabajar sin descanso y procesar enormes volúmenes de información. Sin embargo, eso nos hace pensar que vayan a desarrollarán capacidades nuevas. Nuestro cerebro no evolucionó para conocer la verdad sino para sobrevivir. Por eso podemos decir que somos animales emocionales que razonamos. ¿Tiene sentido otorgarles emociones a las máquinas solo para que se parezcan a nosotros? En el génesis bíblico se afirmadice que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. ¿Queremos entonces emular nuestra creación según la bíblica haciendo máquinas a imagen y semejanza nuestras?
Curiosamente el enorme desarrollo de la IA se produce en simultáneo con un desarrollo no menos asombroso de la robótica de humanoides, lo que converge en seres que cada vez se parecen más a nosotros. ¿Es lícito o necesario trasladarles nuestros defectos? Las emociones se desarrollaron para sortear amenazas que tuvimos en nuestro pasado, entonces, ¿qué amenazas tienen las máquinas hoy? ¿Para cumplir sus funciones útiles es necesario que puedan concebir el futuro, la vida después de la muerte, el amor, el arte, las intenciones, etc.? Y sin todas estas capacidades, ¿podrán pensar como humanos?
Todo el tiempo vemos nuevas habilidades de estos sSeres cibernéticos. L, la empresa china Booster Robotics mostró humanoides autónomos que pueden jugar al fútbol. Si un robot puede mantener el equilibrio en un juego rápido sería un hito que permitiría usar robots en muchas actividades que hacemos los humanos. ¿Será este Mundial de Fútbol 2026 el último en que los humanos juguemos mejor que los humanoides?
Nuestro razonamiento no es el sumun de la creación, es solo lo que logramos hasta un punto donde se produjeron cambios que modificaron radicalmente nuestras vidas y la del planeta. Nuestro razonamiento está plagado de sesgos cognitivos que nos distorsionan la realidad. U, y uno de los grandes beneficios que tienen las máquinas por carecer de nuestros condicionamientos es la objetividad.
Empezando por el sustrato, el cerebro humano, esa masa gelatinosa de kilo y medio que necesita constantemente glucosa y oxígeno para sobrevivir, poco tiene que ver con el duro microprocesador que solo necesita estar enchufado.
Conciencia
El microscopio nos dejó ver lo que la vista no nos permitía, la IA nos mostrará lo que no podemos pensar.
La principal diferencia es la conciencia humana, de la que aún la ciencia no tiene la más mínima noción de qué está hecha ni dónde se aloja ni si fue una serendipia de la naturaleza. ¿Cómo es posible que de la actividad eléctrica cerebral de un conjunto de neuronas surja puede surgir la conciencia? Sin conciencia nuestro razonamiento sería distinto.
No hay ningún indicio que de la actividad eléctrica de las máquinas pueda surgir la conciencia, ni se ha avanzado nada en este sentido. Ni tendríamos forma de verificarla si algún día una máquina nos asegura que la posee. Entonces, ¿cómo podemos decir que las máquinas van a emular la inteligencia humana?
Lo que sí podría surgir como resultado de una serendipia cibernética sería una nueva capacidad de razonar. Dado que somos el único ser conocido que razona, pensamos que es algo absoluto, que el razonamiento es perfecto y hay una sola forma de hacerlo, pero la IA nos puede demostrar que no es así. ¿Lograrían las máquinas desarrollar otra forma? Ysi lo hicieran, ¿cómo nos lo comunicarían? Sería como si hoy nosotros intentáramos explicarle qué es el futuro a un animal, aunque hablara nuestro idioma. Aal no tener la capacidad cognitiva no se lo podríamos transmitir.
El trabajo
Estamos todos de acuerdo que la IA es una tecnología disruptiva que cambiará nuestras vidas radicalmente. Una de las objeciones a su uso es el riesgo de muchas personas a perder su trabajo ante el significativo aumento de productividad. Si bien esto ya es un hecho, el resultado no es tan lineal. Hay múltiples factores que están en juego. En el pasado la mayoría de las tecnologías que surgieron terminaron creando en forma directa o indirecta más empleos que los que destruyeron.
Sin embargo, lo que sucedió en el pasado no nos garantiza que suceda en el futuro, especialmente con una tecnología tan disruptiva como la IA. Una primera diferencia es que, contrariamente a las tecnologías anteriores, no reemplaza el trabajo de fuerza sino el mental. Tampoco, como pasó antes, no necesariamente afecta a la mayoría de los trabajos más repetitivos o tediosos. Si a esto le sumamos que incide en distintos grados a la mayoría de los trabajos percibimos que el impacto será muy importante. Y aun así, no determina que se produzca un enorme incremento del desempleo. El resultado final es difícil de predecir dado que existen varios factores que interactúan.
El efecto inmediato de la IA es aumentar la productividad, lo cual implica menos personas para producir el mismo bien o servicio. Eso puede producir dos efectos en un mercado con competencia; el primero es disminuir costos, lo que llevaría a bajar los precios y lograr que los consumidores adquirieran otros bienes al tener mayores recursos, algo que traería más trabajo o bien también podría aumentar la calidad del producto o servicio acarreando beneficios al consumidor.
En este panorama ideal hay una consideración que puede no darse, y es que las personas que pierden sus empleos por la IA consigan fácilmente trabajos que no fuesen tan afectados o los generados por la IA. Un experimentado vendedor difícilmente logre construir caminos o cloacas. Sabemos que la población general tiene muchas necesidades insatisfechas por lo que si consigue menores costos en ciertos bienes usaría esos recursos para adquirir otros.
El empleo podría estar más afectado por la demanda que por la oferta. Entonces el riesgo no estaría tanto por la mayor oferta que nos permitiría la IA sino por la demanda que depende de factores humanos.
La pregunta que nos tendríamos que hacer es si la demanda puede estar afectada por las nuevas tecnologías y la respuesta es que sí. ¿Qué bienes y servicios demandará la sociedad del futuro? Seguramente mejorarán las tecnologías de la distracción que, además, son altamente adictivas. Asimismo, la incógnita que afectará a la economía del futuro será cómo pueden influenciar estas tecnologías en los consumos.
Si como fruto de la IA y la convergencia con otras tecnologías la realidad virtual se hace cada vez más accesible y “real” podríamos quedarnos en nuestras casas consumiéndolas. Bajaría la demanda en turismo, gastronomía, indumentaria, automóvilesotriz, etc. En esos rubros se perderían muchos puestos de trabajo pero, por otro lado, bajarían los costos para vivir. Dado que se consumirían productos elaborados por pocas empresas y producidos en pocos países, aumentaría la brecha entre los países ricos y pobres como también entre sus ciudadanos. Hay que considerar el factor demográfico pues está bajando la natalidad en la mayoría de los países, especialmente en los más desarrollados. Esto genera menores costos de vida tanto a los individuos como al estado.
Estos ejemplos demuestran cóomo los eventos no son tan lineales ni fáciles de predecir cuando hay muchas variables interactuando en forma simultánea. A ello habría que sumarle, a partir de lo explicado en relación a AlphaFold y la revolución genética, la posibilidad de alargar significativamente la expectativa de vida.
Humanidad aumentada
¿Qué pasaría si en vez de cambiar las máquinas los que cambiamos somos los humanos? Sería el gran cambio, en lugar de hacer que las máquinas tengan mayores capacidades los que aumentaríamos las capacidades seriamos los humanos. Esto es posible a partir de la revolución genética e incorporando tecnologías a nuestro organismo como cyborg. Neuralink, del billonario Elon Musk, y otras empresas trabajan en este sentido.
En un contexto de tantos desafíos, ¿están los gobiernos preparados para aprovechar los beneficios y minimizar los perjuicios? La respuesta es NO. La sociedad no está preparada para los cambios que se están desarrollando y menos aun los que vendrán. Los países necesitan poca gente muy capacitada que tenga la flexibilidad de adaptarse a los cambios. Los organismos del estado que deberían brindar justicia, educación y salud están atrasados tecnológicamente más de dos décadas. Es imperioso aumentar la calidad de los servicios estatales sin que eso disminuya significativamente los puestos de trabajo.
De lo expuesto entendería qLue la IA no va a evolucionar necesariamente hacia la IH sino a algo distinto. Podemos llamar Exointeligencia a una inteligencia externa a lo humano. Una Inteligencia como la que se podría haber desarrollada en otro lugar del universo.
Vivimos un momento de grandes cambios como nunca ha ocurrido. IA y la IH conviven y se complementan. Un futuro deseable es que de esa interacción logremos una mejora sustentable en el bienestar humano. Eso es posible; no obstante, además de la IH la historia demuestra que también existe la estupidez humana. ¿La sapiencia y objetividad de la IA nos enseñarán a encontrar el bienestar deseado?
© LA GACETA
Daniel Pozzi - Doctor en Ciencias biológicas y Neuropsiquiatría. Autor de Humanidad 2.0.Daniel Pozzi
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